El hambre emocional te afecta y es necesario que sepas cómo para que puedas adquirir recursos para gestionarla.

No significa en ningún caso No sentir emoción, pues en el solo acto de comer está ya implícita, sino que puedas obtener las herramientas necesarias para dejar de lado tus bloqueos en la pérdida de peso. 

Si es esto lo que deseas [Recuerda siempre que bajar de peso es una elección personal y que el punto de partida es que ames tu cuerpo tal cual está hoy!]. 

Y es que hablamos de hambre emocional porque somos emociones.

¿Quién no ha sentido amor al cocinar para su familia?

¿Quién no ha conectado con un hermoso recuerdo de su abuela al comer galletas o tomar una bebida caliente? 

Sin embargo, la invitación hoy es a revisar cuando esto no está asociado a algo que te llene de felicidad. Me explico. 

Si cada vez que tienes una discusión o situación compleja con tu trabajo o pareja, luego comes (incluso tienes algún atracón) y, posterior a ello, sientes culpa, allí si es sano para ti revisar qué emoción estás tapando con comida

¿Enojo? ¿Miedo? ¿Tristeza? 

Hoy en este blog quiero compartirte  que no se trata solo de cambiar el plato de comida para sanar el sobrepeso

Más que comer menos o restringir lo que comes, es necesario conocer qué pasa con tus emociones, primero se debe sanar el alma para luego sanar el cuerpo. 

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¿Qué son las emociones?

Para entender el hambre emocional, primero debemos saber qué son las emociones, nos referimos a respuestas de la mente ante estímulos internos o externos y que tienen un impacto a todo nivel. 

Las emociones son expresiones de lo que está sucediendo en nuestro interior o exterior, generan información para actuar ante determinada situación, por ejemplo el miedo, cuando transitamos por una calle oscura y solitaria, podemos sentir miedo, lo que nos lleva a buscar otro camino. 

En este sentido podemos decir que hay emociones que pueden manifestarse en nosotros de manera positiva o negativa, eso las hace ser necesarias para nosotros, sin embargo, debemos saber leerlas, adaptarlas y gestionarlas.

En ocasiones puedes sentir que se salen de tu control y es por esto que debemos hablar de emociones en el ámbito de la alimentación. 

Comida y emociones

La alimentación está estrechamente relacionada con las emociones, desde que somos pequeños entendemos que quien nos cuida nos alimenta, después comenzamos a experimentar cómo la comida hace parte de las celebraciones familiares. 

El alimento también es visto como una expresión de amor, en el cumpleaños nos dan torta, nos dan una caja de dulces, nos ofrecen un dulce como recompensa a una buena acción. 

Todos estos son mensajes que nuestro inconsciente va registrando, así mismo, vemos como hay alimentos que nos motivan a consumir para “mejorar” algún aspecto emocional, por ejemplo nos dicen que el chocolate nos alegra. 

Con todo esto quiero decir que la alimentación muchas veces es emocional y por eso existe el hambre emocional. 

Qué es el Hambre emocional y cómo nos afecta 

Podemos referirnos al hambre emocional cuando la comida la usamos para gestionar nuestras emociones o cuando hay un vacío, una herida no sanada que nos despierta ansiedad por comer. 

Cuando la vía de escape es la comida, estamos hablando de hambre emocional y así es como empezamos a experimentar conductas nocivas para nuestra salud, comenzamos a comer sin tener hambre, a comer sin medida y muchas veces a sentir culpa después. 

El hambre emocional nos afecta porque nos lleva a comer impulsivamente, a la ansiedad por comer, por ende vemos una afectación a nivel físico y entonces no nos vemos bien, subimos de peso, hacemos dietas, muchas dietas y nada funciona.

Y es así como vamos entrando en un bucle que nos genera un profundo cansancio físico y emocional: como impulsivamente, subo de peso, siento culpa y hasta desagrado por mi cuerpo, hago dieta, bajo algo de peso, no sostengo la dieta, subo todo lo que perdí y hasta más… 

Un círculo sin fin.  

Volvemos al mismo punto porque no estamos sanando, no atendemos el lenguaje del cuerpo y no estamos comiendo conscientemente. 

Tal vez sientes deseos por comer algo  minutos después de haber almorzado, o no te sientes saciada, tal vez cuando tienes una profunda tristeza solo te alivia un poco la comida… puede ser una señal de tener hambre emocional. 

Si sientes que es tu caso y consideras que esto afecta tu bienestar, en Conexión Alimento, existe una ayuda propicia para ti, sin juicios, trabajando de la mano contigo, con tu ser, con tu integralidad, no solo con el número que dice tu balanza.

Te acompaño en este proceso con apoyo, conocimiento, práctica terapéutica, amistades con mujeres como tú que quieren superar su hambre emocional, sanar y fluir. 

¿Quieres hacerlo? Ponte en contacto conmigo.